Quizá madurar es saber sacar partido de las cosas aparentemente banales, de las pequeñas cosas. Empezar a aprender de las pequeñas cosas, de las cosas sencillas que tan a menudo olvidamos, ya que dicen que con el tiempo, se aprende a valorar más las cosas aparentemente sencillas. Quizá sea aprender de los errores, ser más formales, cosas tontas que a los adultos les parecen importantes. Aunque por mucho que maduremos, en el interior de cada uno, hay escondido un niño que de vez en cuando sale, detrás de esa mascara de adulto y serio, hay un niño con ilusión, con emoción como a los cinco años por abrir los regalos de navidad, un niño con la adrenalina de jugar al escondite. Hay un Peter Pan.
Yo de mayor no quiero madurar, yo de mayor quiero ser pequeña.
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lunes, 25 de abril de 2011
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